La caza del urogallo cantábrico culpable de su situación actual

Fotografía: Julien Salmon (1904)

Mucho se está hablando en las últimas semanas sobre el enorme fracaso que ha supuesto el proyecto LIFE + del urogallo cantábrico en el que se han invertido 7 millones de euros y una gran aportación humana que no han conseguido mejorar la situación de la especie.

Los resultados del análisis genético de estas aves apuntan a la caza selectiva de machos reproductores como la causa del descenso poblacional que los llevó a la difícil situación en que se encuentran desde hace unas décadas.

Según las conclusiones de la investigación, los modelos demográficos que se representan según el ratio de sexos operacional (OSR) demuestran que el número de machos puede tener una enorme influencia en las dinámicas de las poblaciones salvajes. Este sería el caso del urogallo.

La investigación se basa en un estudio genético sobre transmisión de marcadores entre individuos y su descendencia y al mismo tiempo combina con datos de campo como el tamaño de las poblaciones y la conectividad de las mismas, que podrían influir en la dinámica de la variación genética. Se analizaron los perfiles genéticos de muestras de ejemplares cazados en la Cordillera Cantábrica desde 1958 y muestras de la población salvaje recolectadas entre 1998 y 2007. Los investigadores encontraron evidencia de un cuello de botella genético y de baja variabilidad genética que afecta los marcadores genéticos del ADN nuclear de los machos pero no al ADN mitocondrial transmitido por las hembras en lo que sería el período cuando el sexo masculino está sesgado que coincide con los eventos de caza más intensa.

El urogallo cantábrico es una subespecie que estuvo sometida a una intensa caza durante la mayor parte del siglo pasado, centrada sobre todo en los machos adultos durante la época de apareamiento, lo que eliminó a los ejemplares con mejor fitness y disminuyó las capacidades reproductoras de la población, incidiendo negativamente en la reposición demográfica al mismo tiempo que continuaban perdiendo efectivos. La especie se protegió en 1979 prohibiéndose su caza totalmente, pero la situación de la especie había llegado a un punto de difícil retorno fruto de la presión cinegética.

A día de hoy y a pesar de los esfuerzos e inversiones destinados para salvar a la especie, administraciones y beneficiarios de proyectos solo dan palos de ciego en una gestión demencial que no consigue sacar al urogallo de su triste situación.

 

Referencia:

Rodriguez-Muñoz, R., Rodríguez del Valle, C., Bañuelos, M.J. y Mirol, P. 2015. Revealing the consequences of male-biased trophy hunting on the maintenance of genetic variation. Conservation Genetics. Doi: 10.1007/s10592-015-0747

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